Ha sido un cuento de niños. Se podía decir que fue el
regalo de navidad que más te costó conseguir. Ese que ves en el escaparate de
la tienda, bonito y reluciente, y te dices para ti mismo: “Lo tengo que
conseguir, cueste lo que cueste”. Te costó, pero lo conseguiste. Yo,
equivocado, un día elogié ese esfuerzo, me sentí halagado.
La niña disfrutó el regalo como la que más. Jugó y jugó
hasta cansarse de él.
Maldito momento en el que confundiste amor con capricho.
Porque los juguetes se pueden meter en un baúl cuando te cansas, pero las
personas no.
Alguien debió enseñarte que las personas no son juguetes, que las personas no son caprichos.
Confundí una niña caprichosa con una mujer enamorada. Y
joder, si que estaba ciego! Pero no me culpo por eso, son cosas de un tipo
enamorado…

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